sábado, julio 26, 2014

Los versos de Venanceo

El poeta Venanceo se presenta en el estadio para realizar el saque de honor en un partido del C. D. Tenerife.
El poeta Venanceo se presenta en el estadio para realizar el saque de honor en un partido.

Recuerdo ver en mi niñez a un poeta que recorría las islas a pie vendiendo hojas de colores impresas con poemas. Decía que eran suyos y no tengo motivos para dudarlo, aunque parece que también había romances tradicionales que la gente de los campos apreciaba mucho y compraba por unas pocas pesetas. Tendría este hombre setenta años y una barba blanca y poblada, a lo Walt Whitman, que impresionaba contemplar junto a su imponente estatura. Un bastón y una cartera que le colgaba en bandolera completaban su atuendo. Al parecer, era originario de La Gomera, pero recorría todo el archipiélago canario con sus poemas a cuesta. Por desgracia, no recuerdo su nombre.
Sin embargo, aunque no pude resistir la tentación de evocar al poeta de los romances, mi intención es hablarles de otro poeta popular, llamado Venanceo. Este andaba componiendo y recitando versos por las calles de Santa Cruz de Tenerife, durante los años de la posguerra (civil). La gente festejaba tanto al personaje como a sus poemas y no había en la isla quien no lo celebrara. El periodista Carmelo Rivero lo citó brevemente en un artículo del Diario de Avisos:

... el poeta sicalíptico Venanceo, que piropeaba a las chicas con la voz aguardentosa, “besaría tus pies si estuvieran limpios”, y vendía versos por la voluntad.

De él no nos queda mucho, excepto el recuerdo que unos pocos tienen de verlo, aún en las décadas de 1960 y 1970, deambulando por la Calle del Castillo y por la Avenida Marítima, metido en el Saloon de Fefa, en la calle Miraflores,  o asistiendo a cuantos entierros se celebraban en la capital de la isla. Hay quien asegura poseer cuadernos con sus versos, pero lo cierto es que nadie los ha visto hasta hoy.
Sin embargo, hace unos días descubrí en la Filmoteca Canaria dos fotos de Venanceo. Ambas proceden de una película rodada en Tenerife por el padre de los cineastas Santiago y Teodoro Río, el cual era pintor pero hacía sus pinitos de cine casero, lo cual no es de extrañar, dado que su hermano había rodado como actor algunas películas en España y en Cuba.
Esta cinta cinematográfica de 9,5 mm fue donada hace poco tiempo por los hijos del pintor a la Filmoteca. Quienes tengan curiosidad por ver la película, pueden asistir a una proyección que se realizará en el mes de octubre, en la Casa de la Cultura de Santa Cruz de Tenerife.
Siguiendo con nuestro poeta, resulta que aparece citado en un libro del novelista cubano Eduardo Zamacois, quien solía visitar Tenerife con relativa frecuencia:

No podemos olvidar tampoco a Evenanceo o Venanceo (nunca supe tampoco cómo se llamaba con exactitud) que iba de poeta y hacía unos versos muy pintorescos que todavía algunos recuerdan.

Venanceo de Filmoteca Canaria

Todavía, sí, todavía en el año 14 del siglo XXI, siguen recordándose varios versos suyos, algunos con un contenido pícaro, como era habitual en la poesía popular canaria:

Eres mi sueño, 
eres mi ilusión, 
eres una rosa 
brotando… 
de mi corazón.

–¡En el fondo del jardín 
se oyen terribles voces! 
–No te preocupes María 
que los perros me conocen.

Tiene Juanita un conejo 
de pelo rizado y fino, 
un conejo tan divino 
como bonito es su pelo.

Eres bonita de cara 
y de cuerpo también eres, 
amiga eres de las flores 
y novia mía si quieres.

Cuando recitaba sus poesías en la calle, dicen que los finalizaba diciendo:
–¡No te vaigas pa que almorces, mi niño... ! ¡Cinco por ocho cuarenta, oíste!

____________
NOTA DE AGRADECIMIENTO.
Para redactar este post me he apoyado en informaciones de Conrado Díaz Trujillo, Rosa González Ramallo y Julio Javier de la Rosa Corona, así como en las instituciones y autores ya citados en el texto. A todos ellos, mi agradecimiento.

jueves, julio 24, 2014

Brujas gomeras

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"Por mucho que apriete el calor en verano los bosques de La Gomera conservan su frescura. Y su magia: los troncos de brezo son serpientes atornilladas a la piel del bosque y entre ellos el jinete vislumbra un juego verdinegro de luces y sombras inestables volubles volátiles: un mundo de formas ilusorias instaladas en las copas de los árboles: presencias ambiguas cuyos guiños refuerzan las leyendas en la isla: unas más reales que otras pero todas con un fondo de verdad. Incluso las más fantásticas.
Pocos dudan de que las brujas se reúnen durante las noches sin luna a bailar con el Diablo en este calvero de La Laguna Grande donde a ningún gomero se le ocurriría detenerse después del oscurecer.
Aquí sólo crecen algunos hierbajos en invierno y estos brezos gigantes que la rodean no son capaces de avanzar un solo metro hacia su interior: las raíces de los árboles desvían su trayectoria al acercarse a la línea invisible que delimita el enorme disco polvoriento: los pastores aseguran que hasta el vuelo de las aves es diferente cuando se adentran en esta calva donde el viejo bosque ha perdido su cabellera. Hechos que se consideran de naturaleza extraña.
Gaspar ríe por lo bajo al tiempo que dirige su mirada hacia el yermo círculo y se pregunta si alguna vez los oficiales de la Inquisición habrán reunido el valor suficiente para subir a capturar brujas en La Laguna Grande. Ésas que tal vez llegan por los aires después de untarse pomadas fétidas en los sobacos y gritar: ¡Arriba arriba sin Dios ni María! Pero hasta los inquisidores estamos convencidos de que jamás se debe caminar por estos lugares durante la hora que sigue a la media noche.
De las doce a la una
corre la mala fortuna.
De la una a las dos
corre la gracia de Dios.

No obstante siempre podríamos echar mano de una fórmula que no acostumbra a fallar: dibujar un círculo en el suelo y clavar un cuchillo en el centro En ese instante la bruja aparecerá dentro del ruedo sin que logre escapar de su interior hasta que no se lo permitamos o jure dejarnos tranquilos A veces no alcanza el tiempo para trazar el círculo o no llevamos un cuchillo encima En ese caso lo mejor es recitar este poemilla:

Canta el gallo blanco:
cal y canto
Canta el gallo rubio:
cal y entullo
Canta el gallo negro:
¡Jurial pa’l infierno!

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Quienes las han visto de noche cuentan que las brujas no vienen desnudas sino vestidas con ropas de seda transparente aunque parezcan estar en cueros mientras danzan y cantan con desenfreno.

De Francia semos
de Roma venimos:
hace un cuarto de hora
que de allá salimos.

Racimo de uvas
racimo de moras:
¿quién ha visto dama
bailando a estas horas?

De Canarias semos
de Madrid venimos:
no hace media hora
que de allí salimos.
"
(Texto extractado de la novela La isla transparente. Nuestro Ruiz de Padrón)

domingo, octubre 09, 2011

Recolección de cochinilla en las Islas Canarias. Fotos


En el siglo XIX, la cochinilla solucionó, en parte, la hecatombre económica en que estaban sumidas las Islas Canarias desde que los ingleses prefirieron comprar el vino de Madeira.

La cochinilla (Dactylapius Coccus Costa) es un pequeño animalito parásito de las pencas de nopal o tunera mexicana, que son las que producen los higos tunos, higos chumbos o higos picos. El aspecto de la cochinilla se puede ver en la foto superior: parecen pequeñas bolsas llenas de tinta roja y cubiertas de un polvillo blanco.

De manera que se plantaron grandes extensiones de tuneras y se “sembraron” con las cochinillas, a fin de recolectarlas y venderlas para fabricar carmín. Sólo se utilizan las hembras para extraer el colorante.

Este espléndido tinte sirve para teñir de rojo tejidos, comidas y bebidas. Actualmente, continúa utilizándose en productos como el Campari, el surimi japonés, los lápices de labios, yogurt, helados, algunos jarabes, grageas, etc.

Mano de obra no faltaba en unas islas cuya población rural vivía en una pobreza continua desde hacía siglos. Las mujeres, muchas veces abandonadas por los hombres que emigraban a América, constituyeron una reserva de trabajadoras que fueron empleadas por los dueños de las tierras en la recolección de la cochinilla.

La mayor parte de las veces, las ganancias eran divididas entre el dueño de la tierra y las recolectoras, al cincuenta por ciento.

Nacen unas 200 hembras de cochinilla por cada macho. La longitud de éstos es de 2,2 mm y la de las hembras 6 mm. Ellas viven unos 150 días, como máximo, y ponen 600 huevos. Nacen unas 400 larvas que durante 25 días están errantes hasta encontrar su hogar en algún lugar de las pencas.

Para que haya cochinilla abundante, debe procederse a una infestación artificial de las pencas. Puede realizarse colocando bolsitas de tela o papel, con cinco o seis hembras dentro, sobre una penca para que las larvas colonicen la planta tan pronto nazcan.

La cochinilla hay que recogerla viva; a continuación, se seca. El proceso de obtención del carmín a partir de estos insectos consiste básicamente en extracción acuosa, filtrado, precipitación, secado, molido y esterilización, siendo finalmente envasado.

El extracto de cochinilla es la solución concentrada que queda después de que se elimine el alcohol de un extracto acuoso-alcohólico de insectos de cochinilla.

El carmín es un polvo hidrosoluble compuesto por ácido carmínico en un sustrato de hidróxido de aluminio. Este polvo contiene aproximadamente un 50% de ácido carmínico, sustancia que tiene un peso molecular de 492,4 Da y es el agente responsable del color. También contiene alrededor de un 20% de material proteico proveniente de las cochinillas.

El Real Consulado de Comercio apoyó la introducción de la cochinilla en Canarias, en 1825. Medio siglo más tarde, Canarias llegó a producir, casi 3 millones de kilos anuales y acaparó el mercado mundial de los colorantes. La producción era el doble que la de toda América.


Sin embargo, en la década de 1850, nació un temible enemigo de la producción de cochinilla: las anilinas o tintes artificiales, que irían acaparando el mercado.

Hasta la década de 1960, a pesar de la fuerte competencia de las anilinas, en Canarias de recogió abundante cochinilla. Tanto por la subida del nivel de vida en el archipiélago, como por la prohibición del carmín en muchas comidas y bebidas, al ser considerado como tóxico por la Organización Mundial de la Salud, en 1976, el cultivo de cochinilla disminuyó sensiblemente.

La OMS ha establecido un límite de consumo diario de 5 mg/día. Entre los problemas que se han detectado con la utilización del carmín están las reacciones alérgicas de asma, urticaria, etc.

En la Unión Europea el carmín y el extracto de cochinilla deben etiquetarse como E120. También se le conoce como colorante rojo natural nº 4.

Con el cambio de siglo, la producción quedó reducida a unos 30 mil kilos. Sin embargo, desde principios del siglo actual, la producción de carmín se ha elevado a más de un 8% anual.

Actualmente, algunos campesinos han optado por volver a recolectar cochinilla, como un complemento económico frente a la crisis económica. El kilo de cochinilla fresca se paga a 8,00 euros. Para producir un kilo de cochinilla seca, se necesitan cuatro kilos de cochinilla fresca.

viernes, junio 10, 2011

He hablado con un canario del siglo XVIII

Hoy comí, en Tenerife, con Wimpy Serigné, su esposa y un grupo de amigos. Wimpy es un personaje emblemático, descendiente de emigrantes canarios, nacido a la orilla de un bayú del Misisipi hace unos setenta años. Lo conocí un poco antes del huracán Katrina; luego volvimos a vernos y proseguimos nuestra amistad mientras Nueva Orleans estaba sepultada bajo toneladas de barro y lágrimas, y, más adelante, coincidimos casualmente en un festival internacional celebrado en San Antonio de Texas, justo debajo del restaurante que gira sin cesar sobre la Torre de las Américas. Esta vez nos reencontramos en La Laguna de Aguere, cuna de sus ancestros.

Wimpy Serigné se expresa con el habla canaria del siglo XVIII, porque sus antepasados supieron guardar muy bien el dialecto español que algunos miles de isleños llevaron a las tierras pantanosas de Luisiana. Los gobernantes, los pequeños académicos de la lengua y todos los habitantes de las Islas Canarias deberían cuidar a Wimpy como su principal tesoro nacional, porque es uno de los últimos “Islanders” de Luisiana que conservan esa reliquia lingüística del pasado que está a punto de desaparecer para siempre. Sin embargo, no lo hacen, principalmente, porque Canarias es un archipiélago culturalmente subdesarrollado en el que gran parte de las mayorías y de las minorías piensan que la cultura consiste en regalar Los pilares de la Tierra, El código Davinci o la última parida de Pérez Reverte, en el día de San Valentín o de la Madre. Y que importa muy poco que desaparezca para siempre su habla del siglo XVIII, milagrosamente viva en una pequeña comunidad al otro lado del planeta. Más que penoso, parece extraordinario. ¿Se imaginan qué diría el mundo si los españoles no valorasen el español hablado por los judíos sefardíes?

Wimpy vive junto a Nueva Orleans, en el mismo pueblo donde nació Alcides “Yellow” Nunez, otro isleño descendiente de canarios que se sumó a la corriente jazzistica (más correcto sería decir jassistica), a principios del siglo XX, y se convirtió en un músico muy conocido en Nueva York. Varias veces a la semana, Wimpy camina desde su casa hasta el Museo de los Isleños, en San Bernardo, y arregla algo de lo que rompió el huracán. Poco a poco, todo va recuperando su antiguo esplendor y los visitantes vuelven a admirar fotografías, patos de madera, barras de saloons y otros cachivaches que conforman la curiosa historia de este pueblo que conservó su idioma y su idiosincracia en un medio natural y humano que le fue hostil durante doscientos años.

Compartir mesa y mantel con Wimpy Serigné, además de un orgullo, es un lujo extraordinario del que no puedo menos que presumir. Aunque bien es cierto que al verlo marchar me queda la sensación de que con él se aleja de Canarias un trozo importante de su historia que sus gobernantes, una vez más, son incapaces de atisbar siquiera. Así le va a esta tierra que ocupa el último lugar del último país en la clasificación educativa y cultural de Europa, según el riguroso Informe Pisa.

miércoles, mayo 11, 2011

El terremoto de Murcia



La central nuclear de Cofrentes se encuentra a sólo 182 kilómetros de Lorca, donde acaba de producirse un terremoto, en el que ya se han contabilizado una decena de víctimas. También se derrumbado el campanario de una iglesia y muchas edificaciones han sufrido graves daños.
La central nuclear de Cofrentes declaró una prealerta de emergencia, el día 7 de abril de 2008, y fue paralizada para evitar una catástrofe.
La central nuclear de Cofrentes ha sufrido incidentes en los años siguientes:

2002
  1. En 2002 sufrió dos sucesos notificables consecutivos durante la parada de recarga.10

2005
  1. El 21 de septiembre de 2005 se comprobó que durante al menos 2 horas. al producirse una pequeña pérdida de una manguera en los trabajos de acondicionamiento del evaporador de detergentes, dentro del edificio de Residuos de la Central, se midió una tasa de dosis de 0,03 mSv/h en una zona clasificada como controlada (límite 0,025 mSv/h).

  2. También ha experimentado problemas por fallos en las barras de uranio, lo cual causó una reducción de potencia y llevó a sustituir algunas de éstas barras antes del plazo previsto.
2006
  1. A partir del 3 de noviembre de 2006 entró en vigor la Instrucción IS-10 del Consejo de Seguridad Nuclear, por la que se establecen los criterios de notificación de sucesos al Consejo por parte de las centrales nucleares.

  2. En el año 2006 el titular notificó diez sucesos, Todos ellos fueron clasifica dos como nivel 0 en la Escala Internacional de Sucesos Nucleares (INES).14
2007
  1. En el año 2007 se notificaron al CSN 15 sucesos. Todos ellos fueron clasificados como nivel 0 en la Escala Internacional de Sucesos Nucleares (INES).
2008
  1. En el año 2008 el titular notificó 11 sucesos. Todos ellos fueron clasificados como nivel 0 en la Escala Internacional de Sucesos Nucleares (INES).16
2009
  1. En el año 2009 se notificaron al CSN ocho sucesos. Todos ellos fueron clasificados como nivel 0 (INES) con excepción de la caída del subelemento combustible en la piscina de almacenamiento de combustible gastado, ocurrido el 22 de septiembre de 2009, que fue clasificado como nivel 1.17

  2. -El 22 de septiembre de 2009. Con la central en parada por recarga, durante una inspección de la capa de óxido del combustible irradiado, se desprendió el sub-elemento que se estaba comprobando y golpeó contra la plataforma de la máquina de inspección, desde una altura de unos 10 cm, sobre la que pivotó y giró hasta yacer de forma horizontal sobre los racks de los elementos de combustible almacenados en la piscina. El CSN mantiene vigilancia continua de las labores que se están llevando a cabo en la instalación. El suceso no tuvo repercusión para las personas ni para el medio ambiente. Fue clasificado como INES 1.
2010
  1. -El 13 de mayo de 2010 se comprobó que la instrumentación de nivel de uno de los depósitos de almacenamiento del Sistema de Control Líquido de Reserva sufría una desviación en la lectura del volumen del depósito, tanto en Sala de Control como en el indicador local, por lo que el volumen real en el depósito es inferior al especificado. Se corrigió el volumen del depósito. Fue clasificado como INES 1.
2011
  1. -El 14 de enero de 2011 se produjo la actuación espúrea de un monitor de radiación de la sala de control. Esto provocó el cierre de dos válvulas de aislamiento, la activación del extractor de la cafetería y el arranque automático uno de los sistemas de filtración de emergencia de la sala de control. Se cambió el monitor afectado. Fue clasificado como INES 0.

  2. -El 7 de febrero de 2011 se produjo un fallo en la apertura de una válvula situada en la línea de recirculación del sistema de aspersión del núcleo a alta presión. La causa fue fallo aleatorio en el relé que la actúa y que fue sustituido. Fue clasificado como INES 0.

  3. -El 15 de febrero de 2011 la dirección de la central nuclear declaró una alerta de emergencia ante la actuación de catorce activistas de Greenpeace, que accedieron a la central para denunciar los peligros de la energía nuclear. El CSN activó los procedimientos establecidos en el plan de seguridad de la central y de las autoridades competentes coordinadas por la Delegación del Gobierno en la Comunitat Valenciana.

Afortunadamente, España no es Japón. España es la reserva espiritual de Occidente y eso la preservará de cualquier daño. Incluso, si el terremoto alcanzara el grado 10 y tuviera su epicentro a dos metros de la central nuclear, nada sucedería porque la providencia se encargaría de que la central y sus vecinos no sufrieran ningún daño.
Aunque, y perdonen la desconfianza, a veces me pregunto si esa protección sólo alcanzaría a los buenos cristianos y los descreídos se asarían como pimientos de la huerta.
En todo caso, para prevenir una catástrofe, recomiendo una campaña misionera de evangelización a las regiones de Valencia y Murcia. La verdad es que no sé a qué está esperando la Conferencia Episcopal española.

A la central nuclear, por supuesto, ni tocarla. Ya se sabe que es la energía más barata, más limpia y más santa.


Ver artículo sobre inseguridad nuclear en la Península Ibérica, en casos de seísmos.

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Los datos de incidentes en la central nuclear proceden de Wikipedia.


viernes, abril 29, 2011

La isla transparente. Novela sobre Antonio Ruiz de Padrón


Jamás nadie ha llamado tanto mi atención como Antonio José Ruiz de Padrón, el hombre que se enfrentó, a pecho descubierto, a la mayor corporación que existía a principios del siglo XIX: la Inquisición española. ¡Y la venció! Hizo morder el polvo a una terrible institución que poseía temibles instrumentos legales, carcelarios y patibularios, apoyados desde el poder civil, militar y eclesástico.

Su historia, fantástica donde las haya, me ha llevado a trabajar en una película documental y en una novela, cuyo primer tomo se presenta en el mes de mayo, con el título La isla transparente. He puesto en este trabajo toda mi energía y todo mi corazón. Durante años, aquí y allá, he recogido documentación sobre este personaje magnífico y las circunstacias que lo rodearon, desde su nacimiento, en 1757, hasta su muerte, en 1823. Espero que cuando ustedes conozcan su historia –la que han ocultado tan celosamente los enemigos de los derechos humanos– le rindan el homenaje que merecen su memoria y su dignidad.

He subido a la red algunas páginas del libro que se pueden consultar de manera gratuita, haciendo clik aquí. Intentaré ampliar la información, en la medida de lo posible.


Haz click

para leer artículo crítico sobre La isla transparente, primera novela histórica sobre Ruiz de Padrón

En mayo aparecerá la edición en papel. Ya está disponible en ebook


Click para descargar e-book "La isla transparente"


LA ISLA TRANSPARENTE, en formato e-book

PRESENTACIONES de la novela LA ISLA TRANSPARENTE:

hacer click para ver lugares y fechas

domingo, marzo 27, 2011

Soga y sangre

Gerardo Machado
Gerardo Machado

La negra crónica del ahorcamiento de numerosos isleños en la población de Ciego de Ávila, en Cuba, en la década de 1920, no es del todo desconocida. Estos párrafos, proporcionan una temprana versión cubana de los hechos que es comentada por otro cubano, Carlos Ripoll. Más de un historiador ha "fusilado" el presente texto, sin citarlo. Como se puede ver en la reseña, colocada al pie de este post, el libro de Ripoll se publicó en Nueva York unos años antes (1998) de la aparición de otras obras sobre el mismo tema.

La única aclaración que debo hacer sobre el texto de Ripoll es que uno de los protagonistas del suceso, Manuel Rosado (natural de Los Realejos, Tenerife), dijo apellidarse Rosales con el fin de no involucrar a su familia en el incidente.

"En 1926 se produjo un secuestro importante en la provincia de Camagüey: del colono de Ciego de Ávila Enrique Pina, coronel del Ejército Libertador. Se pidieron 50 mil pesos de rescate, los cuales fueron entregados de acuerdo con las indicaciones de los secuestradores. La reacción del pueblo no se hizo esperar. El editorial de la revista Carteles, publicado el 28 de marzo de 1926, deja ver el estado de ánimo de la población, el origen del mal por el desplazamiento del campesino ante la expansión de las empresas extranjeras, la complicidad de la fuerza pública con éstas, el desamparo del trabajador y la respuesta que se le recomendaba al gobierno (“Medidas excepcionales”) ante el problema de la delincuencia rural; dice:

... En otro tiempo el bandolerismo fue una enfermedad social endémica en nuestro país. Mas, por convicción unánime, se achacaban sus manifestaciones más agudas al desacuerdo profundo que existía entre la población campesina cubana y las autoridades coloniales... Pero, desde hace algún tiempo, los brotes depredatorios se suceden con extraña frecuencia, como si en sus autores obraran extraños agentes psíquicos de aliento, produciendo en ellos la ilusión de una posible impunidad... Expulsado el guajiro de la pequeña finca cultivada por sus padres desde tiempo inmemorial, con la transformación de la propiedad agrícola durante los últimos veinte años, y reducido a la condición de jornalero cortador de caña, hace mucho tiempo que la más extremada pobreza es su compañera inseparable.

Gerardo Machado es tachado de "Mussolini de Cuba", en la revista Time.

Poco a poco, una especie de reacción moral se ha ido produciendo en el ánimo de los pobladores de nuestras campiñas, en cuanto a sus relaciones con el poder político y sus agentes visibles, ante la consideración del abandono en que viven, entregados sin defensa alguna a la desconsiderada explotación de las empresas extranjeras dueñas hoy de casi todos los centrales de moler azúcar, los cuales, con las compañías ferrocarrileras, son los centros de trabajo más abundantes y activos en los campos y pequeñas poblaciones.

En sus conflictos económicos con la administración de estas empresas, han visto invariablemente a la fuerza pública puesta al servicio de sus explotadores, en cooperación con los guardias jurados de las fincas para perseguirlos y amedrentarlos... Ante la funesta recrudescencia del bandolerismo que estamos sufriendo, nuestros gobernantes deben apelar a todas sus aptitudes de estadistas y sociólogos, sin perjuicio de dirigir una llamada al orden a las fuerzas encargadas de cuidar la tranquilidad de los campos... El pueblo de Cuba se encuentra, en general, satisfecho de la actitud rectificadora y ejecutiva de sus actuales gobernantes, pero ciertos males de honda raíz en la vida social exigen medidas excepcionales para ser combatidos.

El más importante de los secuestradores en esos días era el isleño Secundino Rosales. Empezaron entonces los linchamientos de los canarios a quienes se suponía cómplices en el delito, y de otros inocentes compatriotas suyos acusados de estar fuera de la ley, y a quienes las autoridades llamaban “elementos maleantes”.

La abolición de la esclavitud había creado en el siglo anterior, en algunas zonas de la isla, escasez de mano de obra, y después de fracasar con la importación de asiáticos, se trajeron numerosas familias canarias a Las Villas. Igual sucedió a principios de la República al disminuir los obreros agrícolas, cuando con el crecimiento de los latifundios la United Fruit tuvo que importar varios cientos de isleños para la explotación de sus tierras. En muchos braceros de las Islas Canarias se cebó la ira de las autoridades a partir del secuestro de Pina. Los colgaban de los árboles y volaban las auras tiñosas sobre los cadáveres: el pueblo las llamaba “las gallinas de Machado”. El 22 de mayo de 1926 capturaron a Rosales en Las Villas, y el 11 de julio apareció ahorcado en la letrina del cuartel del ejército en Ciego de Ávila.

Es notable la indiferencia del pueblo cubano ante aquellos crímenes. La misma revista Carteles, antes citada, poco después de su protesta por el bandolerismo, publicó una caricatura, que se reproduce en este libro, en la que, con el título de “Charleston Isleño” aparece un ahorcado en el momento de su agonía. No debe olvidarse que hasta poco antes de la presidencia de Machado, se consideraba la captura de bandidos como motivo para conceder la Orden del Mérito Militar.

Cuenta el juez Ángel G. Cárdenas en su libro De las memorias de un exjuez. Soga y sangre. Una página de horror del machadato y su acusación pública (1933), algunos de cuyos pasajes aparecen reproducidos en el Índice histórico de la provincia de Camagüey, 1899-1952 (1970), del que aquí se cita, que Rosales trabajaba para Pina, quien era colono del central Stewart, pero que cuando le pidió 5 pesos que necesitaba para medicinas, por haber contraído paludismo, el coronel se los negó en medio de insultos. Después de varios atracos, con tres cómplices llevó entonces a cabo el secuestro de Pina: dos escaparon, el tercero era otro isleño, Eduardo Chinea, quien fue después también asesinado por sus captores. Dijo el Dr. Cárdenas en su escrito:

'La obra de la justicia, aplicada legalmente al delincuente, eleva y dignifica al ejecutor. Pero el crimen realizado en nombre de la justicia, y a espaldas de la ley, eleva y dignifica a la víctima, sea quien sea, y la coloca por encima del criminal. Si el crimen se ejecuta con abuso de autoridad o de fuerza, o bajo la impunidad del poder, entonces ese crimen es más horrendo y monstruoso. La víctima se hace merecedora de mayor respeto, y más elevada consideración que su victimario."

Ripoll, Carlos: El bandolerismo en Cuba, desde el descubrimiento hasta el presente. New York: Editorial Dos Ríos, 1998.

domingo, octubre 31, 2010

Juegos imposibles

Una nube absurda y una furgoneta vieja, junto a medio galón de anticongelante, me han ocupado esos minutos tontos que todos nos concedemos mientras estamos en la bañera o paseamos con las manos en el bolsillo por las fronteras del oscurecer. Ayer, la cascada de pensamientos me condujo a sopesar las razones que me llevan a practicar cierto juego cuando viajo lejos de mi tribu o me encuentro en alguna situación especial de felicidad, de angustia, de emoción, de peligro,…

En ese juego, trato de registrar mi interior y cuanto me rodea en el preciso instante que estoy viviendo, incluidas las sensaciones que percibo y las emociones que me embargan. Con esta información, construyo una especie de paquete escheriano que deposito en algún rincón de la memoria, al tiempo que trato de visualizarme en el preciso momento en que lo recuperaré. Sí, en futuro, porque la finalidad hipotética es contactar a través de esa ráfaga de pensamiento con un tiempo más adelantado y revivir la situación antes de que suceda.* He de reconocer que la mayor parte de las veces no me acuerdo más de esos instantes, pero en algunas raras ocasiones, sí.

Sin embargo, no se trata de un déjà vu. Cuando se presenta la fase que podría denominarse de rescate, intento conectarme con esa chispa de pensamiento que un día jugué a depositar en mi propio futuro. El resultado es curioso, aunque nada tenga de inquietante. Vuelvo a verme en el mismo lugar, pero con una visión exterior, como si fuera otra persona que se sabe observada y devuelve la mirada con complicidad. Nunca esta percepción se prolonga más allá de algunos segundos y el espacio físico que puedo contemplar también es reducido. Sin embargo, esta experiencia difiere considerablemente de otros recuerdos, incluso de aquéllos que son más vívidos.

Como estoy razonable y occidentalmente cuerdo, sé de sobra que no existe la telepatía y, mucho menos, la auto telepatía intratemporal, por proporcionarle un nombre majadero, sino que todo se reduce a la falsa percepción cerebral que ha forzado mi pequeño truco mental; pero, aun sabiéndolo, no logro resistir el impulso de jugar a resucitar los momentos especiales.

Nunca he comentado esta afición, así que no sé si otras personas juegan a lo mismo que yo, aunque sospecho que todos tenemos diversiones parecidas que desarrollamos en la intimidad de nuestro pensamiento. Lástima que Jorge Luis Borges no se encuentre esta tarde con nosotros para preguntarle sobre cuál de sus dobles sacaba a los tigres al patio para jugar a las muñecas matrioskas.

-¿Y por qué no te compras una cámara de fotos o de vídeo, como todo el mundo? –me preguntarán ustedes, con toda la razón del mundo homogéneo, cuando yo digo que deseo revitalizar instantes.

Y sería lo sensato, pero mi pretensión no es ver dos veces imágenes idénticas ni siquiera sentirlas. En este caso, me da igual que la imagen del cuadro sólo represente una pipa o que verdaderamente lo sea. Mi aspiración lúdica secreta es jugar con el tiempo y el espacio, desviándolos de una ruta presuntamente inexorable. Supongo que si hubiera hecho esta declaración hace trescientos años, no habría habido quien -muertos ya el irlandés Scotus y su primera fuente de conocimiento divino- me librara de las cárceles secretas del Santo Oficio de la Inquisición, porque, según la ortodoxia católica, ese privilegio únicamente lo puede ejercer Dios y, de manera un tanto provisional, Satanás. Dos figuras que reúnen todas las cualidades por las que ha suspirado una buena parte de la humanidad desde hace milenios. Desgraciadamente, supongo que debido a mi repulsión al incienso y a los pelotilleros, rechazaría convertirme en un ser divino o diabólico, aunque la oferta me la hiciera el Corte Inglés en el primer día de las rebajas de enero.

De manera que seguiré jugando a lo mismo de siempre, sin una sola posibilidad de recuperar una décima de segundo o un centímetro cuadrado del mes pasado: un juego absurdo, tan absurdo como la esperanza de encontrar un paraíso después de la muerte. Pero si sólo esperásemos lo razonable, no seríamos humanos. Paradójicamente, sólo cuando nos hubimos convertido en animales racionales pudimos creer en lo irracional. Lo que nos gusta es que se produzca lo que sabemos muy bien que no puede producirse. A este juego dedicamos nuestra vida y nuestros esfuerzos de manera aparentemente absurda. Supongo que por esa sinrazón que a mi razón arrasa voy a votar en las elecciones, secundo huelgas que beneficiarán a quienes no las secundan, creo de vez en cuando que la factura del teléfono está hecha con buena fe y hasta tengo las esperanzas puestas en el corazón humano.

Sinrazones no me faltan: hace unos días estacioné el coche al borde de una carretera para mirar una nube rebelde que se había colocado de manera tan sensual como absurda al borde de la falda de una montaña. Levanté la tapa del motor quité la del radiador y puse una garrafa de anticongelante en el suelo. Lo hice para tener a mano una disculpa que ofrecer a los agentes de tráfico, si se les ocurría parar a mi lado. Ya se sabe que no somos de fiar quienes nos detenemos a mirar para los celajes y conviene tener una coartada a mano por si te ve la policía.

En esas estaba yo, cuando se acercó un señor de mediana edad con una furgoneta. Tomó su propia lata de anticongelante y se apeó del vehículo ofreciéndome consejos sobre lo que debía hacer para salir del apuro. Yo no lo conocía, él no me conocía ni tenía nada que ganar por prestarme su auxilio. Pero hizo lo único que yo no esperaba que alguien hiciera a aquellas horas de la mañana y en tales circunstancias: tratar de ayudarme a cambio de nada. Una razón más para invocar lo imposible.

___________________

(*) Los escritores más sensibles conocen una situación similar, en relación con sus lectores, futuros depositarios de sus mensajes, previa aparición de un alter ego del propio autor, conocido como héroe lírico, que traduce o interpreta sentimentos suprapersonales.

“¿Pero entonces no hay comunicación entre el poeta (el cuentista) y el lector?, la respuesta es obvia: la comunicación se opera desde el poema o el cuento, no por medio de ellos. Y esa comunicación no es la que intenta el prosista, de teléfono a teléfono, el poeta y el narrador urden criaturas autónomas, objetos de conducta imprevisible, y sus consecuencias ocasionales en los lectores no se diferencian esencialmente de las que tienen para el autor, primer sorprendido de su creación, lector azorado de sí mismo [cursiva mía].” (Julio Cortázar: Del cuento breve y sus alrededores.)

jueves, octubre 28, 2010

La educación en el estado español: de la alienación a la tragedia

Miguel de Unamuno estaba convencido de que únicamente los idiotas y los locos pueden ser felices. Tal vez, por esta razón, los seres humanos incidimos tantas veces en la locura y en la estupidez cuando perseguimos utopías sociales, políticas, mediáticas o pedagógicas, sin caer en la cuenta de que la regla de Unamuno jamás funciona a nivel colectivo. La estupidez colectiva conduce a la alienación y a la opresión, y la locura de la masa produce la tragedia.

Para encontrar ejemplos, no es preciso retroceder hasta la Segunda Guerra Mundial. Sin ir más lejos, podemos echar un vistazo a nuestro sistema educativo: una máquina compuesta de engranajes viejos, atascados, que saltan en pedazos cuando se presenta la menor dificultad, pero mil veces pintados con la purpurina de los nuevos planes ministeriales para proporcionarles una apariencia deslumbrante y, cómo no, europea.

Pocos parecen darse cuenta de que esa máquina no produce ni puede producir otra cosa que frustración y desencanto. Infelicidad, en suma. Lo que dice una Ley de educación es intrascendente, si los encargados de llevarla a las aulas continúan refocilándose en su jerga pedagógica en lugar de comprometerse con el cambio. Si trasladásemos esto a la Cirugía, en los hospitales se impartirían desmañados cursos técnicos sobre el rayo láser para que en el quirófano se continuara operando con bisturí.

Cuando una Ley habla de libertad de enseñanza, la autoridad educativa incompetente entiende protocolo en la enseñanza. En sus cabezas no cabe que es una robusta formación del profesorado la que va a educar al alumno, en lugar de estereotipados métodos asentados en el malabarismo didáctico que tantas víctimas infantiles y juveniles está empujando por los caminos que conducen a la incompetencia social y laboral.

Cada vez que aparece una nueva Ley de enseñanza, el comportamiento de los antes nombrados es perfectamente predecible: componer o plagiar cuatro reglas pedagógicas -en realidad, las mismas de siempre- y revestirlas con nombres recién traducidos. A continuación, comienzan a cobrar dietas para formar al profesorado con el fin de que transmita idénticos conocimientos con el nuevo método, quizás más caótico que el anterior. Esa formación del profesorado puede durar ocho, doce o dieciséis horas (les encantan los múltiplos de cuatro) impartidas por cuatro ponentes que se contradicen aun en lo más elemental, mientras el personal se amodorra o aprovecha para escuchar las últimas grabaciones de su mp4. Y poco más, excepto los calurosos aplausos a los oradores cuando les permiten volver a casa.

En realidad, no es esto lo grave. Incluso, si los nuevos protocolos fueran trasladados de manera masiva al aula, el problema continuará siendo que los estudiantes siguen recibiendo la misma bazofia algorítmica, en lugar de preparar sus mentes para investigar y ser críticas con la realidad que les rodea. Se les entrega pescado podrido y se les niega el anzuelo para realizar su propia pesca. Bien poco le importa al sistema educativo que el alumnado sea capaz de buscar por sí mismo las fuentes del conocimiento. ¡Si los psicopedagogos, imbuidos de un cognitivismo tanto o más anquilosado que el conductismo, diagnostican a un alumno por la cantidad de faltas de ortografía que comete o por su conocimiento de la tabla de multiplicar, qué se puede esperar del resto de este sistema! ¡Pobre del infeliz que caiga en sus manos!

Si no se pone pronto remedio, que no se pondrá, los resultados visibles en el sistema educativo español van a pasar de la actual alienación de los jóvenes a una tragedia que ya está enseñando sus garras en las nuevas generaciones nini. Mientras tanto, las autoridades educativas incompetentes continúan en su estado de autocomplacencia y felicidad, en el sentido más unamuniano del término, naturalmente.

jueves, octubre 07, 2010

Vargas Llosa, ¿un neoliberal comprometido? Relexiones sobre un Premio Nobel de Literatura

Lo primero que leí de Mario Vargas Llosa fue Los cachorros. Yo tenía quince años y tardé varios días en reponerme del impacto que me supuso descubrir una prosa tan revolucionaria. Evidentemente, viviendo en un pequeño pueblo de una minúscula isla, yo no conocía a los grandes narradores surrealistas, no sabía ni a qué olía la prosa de James Joyce y hasta dos años más tarde no leí la primera novela de Samuel Becket. Tal vez, a eso se debió mi sorpresa; aunque si hubiese leído ese relato por primera vez esta mañana también me habría sorprendido de algún modo.

Mi última lectura de una novela del escritor peruano fue La fiesta del Chivo (que es para mí la obra actual sobre dictadores que más se aproxima a Tirano Banderas de Valle Inclán), lo cual evidencia que no he leído sus últimas tres obras de ficción. Entre Los Cachorros y La Fiesta, he tenido suficiente tiempo (aunque a uno siempre le parece poco, cuando se trata de la propia vida) para leer casi toda su bibliografía. Llegado a este punto, cualquiera puede quedar como un crítico exigente, si añade: “bibliografía por lo demás irregular”. Afortunadamente, no he llegado a tamaño grado de estupidez como para poner en tela de juicio obras que tal vez precisen una segunda lectura para que adquieran todo su significado literario.

Hoy Mario Vargas Llosa ha recibido el Premio Nobel de Literatura con todo el merecimiento del mundo. Además de sus obras literarias, ha publicado ensayos de diversa índole, entre los que destacan los dedicados a los autores y a la novela francesa: Sartre, Camus, Victor Hugo,… Hoy sería una temeridad hablar de Gustave Flaubert y de su obra sin referirse a las opiniones de Vargas Llosa.

En cuanto al aspecto político, resulta imposible no mencionar las ideologías cuando se habla de un escritor importante de América Latina. Mario se decantó por la derecha y desencantó a casi todos sus lectores cuando se presentó a las elecciones presidenciales de Perú y puso de manifiesto una ideología cercana al neoliberalismo que hasta ese momento no había mostrado abiertamente. Sin embargo, la pregunta es: ¿Influye la ideología del escritor en la calidad de su obra?

Indudablemente, ideología y literatura caminan de la mano y suelen ser los escritores más comprometidos socialmente los que han producido mejores obras, desde Cervantes hasta Saramago. No obstante, no existe una línea fronteriza nítida entre escritores superficiales, antisociales y comprometidos. Nadie puede decir que el poeta mexicano Otavio Paz rehuyó el compromiso o que Vargas Llosa no ha retratado de manera valiente los crímenes de las dictaduras latinoamericanas, por el solo hecho de tener ideologías de derecha.

Finalizo con una anécdota sucedida en la Feria del Libro de Madrid, hace unos años. Yo me encontraba en una caseta frente a la que estaba Mario Vargas Llosa esperando para firmar ejemplares. El hombre no estaba muy atareado, pues sólo cada mucho tiempo llegaba un lector para que le firmara un libro. Sin embargo, muy cerca había una cola larguísima de gente que llevaba el mismo libro para saludar y pedir el autógrafo a su autora, una locutorcilla de la televisión basura, llamada Ana Rosa Quintana. Esta mujer daba la perfecta imagen de una pava real exhibiéndose sin pudor alguno ante una nube de peregrinos deseosos de ser abanicados por sus plumas de gran escritora.

Me dio tanta vergüenza como pena observar la soledad de Vargas Llosa y me acerqué para charlar un rato con él. Aunque ya la había leído, volví a comprar una novela suya en la que me estampó una preciosa dedicatoria. Ya se podrán imaginar que viendo el espectáculo que teníamos delante el tema de conversación era obligado…

A los pocos días, Ana Rosa Quintana fue llevada al juzgado por plagio y sufrió el proceso más bochornoso que pueda padecer alguien que se atreva a publicar con su nombre un libro robado Los cuarenta mil ejemplares de su novela fueron recogidos en la medida de lo posible por la Editorial Planeta que, por fin, reaccionó ante tanta desvergüenza. En mi biblioteca tengo un ejemplar de este bodrio, pegado a la obra firmada por Vargas Llosa, como recordatorio de las inmundicias literarias que en el mundo hay.

Por fortuna, algunas veces los individuos no mueren antes de que el universo tenga tiempo de nivelar los vasos de la justicia y cada cual quede en su sitio. Hoy, Mario está en el Olimpo y Ana Rosa no existe.

Felicidades al gran escritor y nuevo Premio Nobel de Literatura. Que usted lo disfrute durante muchos años, maestro.

No tengo más que ir a casa a buscar el fusil

Como Jesucristo, Franz Kafka era muy dado a mostrarnos la realidad reflejada en una parábola, quizás para que nos ahoguemos en ésta mientras pensamos que realmente contiene aquélla. Igual que se ahogó el bello Narciso, loco de amor por su imagen reflejada en el agua, o como se sumergía en los amaneceres aquel toro enamorado de una luna vislumbrada en los espejos del río.

Las metáforas pueden embellecer la realidad, pero pocas veces logran explicarla. Ahora bien, cuando las escuchamos nos quedamos con la sensación de haber comprendido los grandes secretos del universo. Por eso adoro a Borges y a Kafka, ese par de mentirosos que me inquietan tanto y tanto me sobresaltan.

Aquél tradujo a éste, quizás seducido por sus paradojas o, ¡quién sabe!, porque nunca lo entendió del todo y quiso dejar sus nombres unidos por lo que más amaba: el enigma.

Estos dos relatos brevísimos de Kafka no contienen soluciones para nada, pero tienen el encanto de acercarnos a la actual crisis económica desde el pesimismo más aterrador.

Fabulilla

–¡Ya! –decía el ratón–. El mundo se vuelve cada día más pequeño. Primero era tan ancho que yo tenía miedo, seguía adelante y me sentía feliz al ver en la lejanía, a derecha e izquierda, algunos muros, pero esos largos muros se precipitaban tan velozmente los unos contra los otros, que ya estoy en el último cuarto, y allí, en el rincón, está la trampa hacia la cual voy.

–Sólo tienes que cambiar la dirección de tu marcha –dijo el gato, y se lo comió.

El buitre

Érase un buitre que me picoteaba los pies. Ya había desgarrado los zapatos y las medias y ahora me picoteaba los pies. Siempre tiraba un picotazo, volaba en círculos inquietos alrededor y luego proseguía la obra. Pasó un señor, nos miró un rato y me preguntó por qué toleraba yo al buitre.

–Estoy indefenso –le dije– vino y empezó a picotearme, yo lo quise espantar y hasta pensé torcerle el pescuezo, pero estos animales son muy fuertes y quería saltarme a la cara. Preferí sacrificar los pies: ahora están casi hechos pedazos.

–No se deje atormentar –dijo el señor–, un tiro y el buitre se acabó.

–¿Le parece? –pregunté– ¿quiere encargarse del asunto?

–Encantado –dijo el señor–; no tengo más que ir a casa a buscar el fusil, ¿Puede usted esperar media hora más?

–No sé –le respondí, y por un instante me quedé rígido de dolor; después añadí–: por favor, pruebe de todos modos.

–Bueno –dijo el señor– , voy a apurarme.

El buitre había escuchado tranquilamente nuestro diálogo y había dejado errar la mirada entre el señor y yo. Ahora vi que había comprendido todo: voló un poco, retrocedió para lograr el ímpetu necesario y como un atleta que arroja la jabalina encajó el pico en mi boca, profundamente. Al caer de espaldas sentí como una liberación; que en mi sangre, que colmaba todas las profundidades y que inundaba todas las riberas, el buitre irreparablemente se ahogaba.

sábado, octubre 02, 2010

SEGUNDOS. Apropósito de Lisboa


A veces, pasamos sobre el tiempo como si fuese viña vendimiada, dejándonos atrás las joyas que nos ofrece cada segundo, sin percibir siquiera su presencia. Aramos el día, como si arásemos agua. Pasamos cinco, ocho o diez horas en nuestro puesto de trabajo creyendo que poco puede ofrecernos la vida en ese intervalo. Camino de casa no se nos ocurre comprobar si en la radio están poniendo una nueva joya musical o si en el árbol de la acera se ha posado un pájaro que nunca habíamos visto, y jamás paramos cuatro minutos para buscar algo inesperado en las nubes, en la hierba o en el asfalto. El resto del día transcurre con la misma monotonía y ya pueden aparecer dos lunas en el cielo que la noche está reservada para ver el televisor.

Igual nos sucede cuando salimos de paseo o visitamos alguna ciudad donde encontramos músicos callejeros. Poca gente decide parar, menos aún escucharlos con atención y raro es quien entabla conversación con ellos. La mayoría les da un tratamiento de mendigos. Los ignora como si fuesen objetos molestos o les tira una moneda de diez céntimos sin oírlos siquiera.

Conocido es el caso de Joshua Bell, aquel famoso violinista de Washington, que hace tres años se puso a tocar, con su Stradivarius de 3 millones de dólares, un concierto de Bach en el metro y no recogió más de un par de dólares sin que recibiese otra felicitación que la de una mujer que lo había escuchado en la Congress Library. Por la noche, ofreció el mismo concierto en un auditorio abarrotado por un público que había pagado las entradas a precios exorbitantes. Le aplaudieron a rabiar muchas de las personas que por la mañana lo habían mirado con desprecio. ¿No será esto lo que se llama falta de ignorancia?





Me gustan los músicos de la calle. No puedo resistirme a escucharlos, a fotografiarlos o filmarlos, cuando llevo una cámara. Los considero uno de los tesoros que me depara la vida a cambio de muy poca cosa: tomar conciencia de que existen y pueden ser fantásticos. No podría decir ahora cuántas fotos u horas de filmación tengo guardadas sobre personas que interpretan su música en la calle, pero son muchas. Algunos de esos minutos están ocupados por el vídeo que he insertado en esta página.

Se trata de Toni Banza y un amigo, dos fadistas que conocí hace varios años en la Lisboa nocturna y a quienes he filmado más de una vez, siempre con el proyecto de realizar con ellos una tournée por Portugal, tomando el camino del Norte. Ahí están; en la calle, con el frío y la humedad del invierno lisboeta, ofreciendo, a quien desee escucharles, dos excelentes voces cargadas de sentimiento y tradición. No son mendigos, sino artistas muy dignos.

Yo soy un pobre aprendiz en el cultivo del tiempo. Muchas veces, como Bolívar, tengo la sensación de que los surcos se cierran demasiado rápido. Se me escapan no sólo segundos, sino horas completas sin que les arrebate alguna prenda o logre encontrarles el corazón. Ahora bien, cada vez consigo saborear más los frutos que busco en los intersticios del día: una palabra, una sonrisa, una melodía, un sabor nuevo, una caricia, una magdalena nostálgica, una brisa o un estremecimiento. Y, por qué no, una tristeza.

jueves, septiembre 30, 2010

HÉROES Y SUPERHÉROES DE FICCIÓN. Segunda parte

Gramsci dice que en Montecristo se hallaba el fermento del superhéroe que desa­rrollaría posteriormente la filosofía nietzscheana con Zaratustra. Cuando, en las primeras décadas del siglo XX, comienzan a aparecer los cómics, el asunto adquiere una doble vertiente: el héroe debe acoplarse al sorpresivo protagonista de las novelas mientras que no puede perder la personalidad esencial del mito. Es decir, ha de cambiar; pero sin cambiar. Un más que aparente conflicto cuyo prototipo se resume en Superman, cómic aparecido en la década de 1930.

El atolladero se evidencia en cuanto el personaje, Superman, al contrario que Hércules, debe realizar acciones contemporáneas a la narración y avanzar hacia un futuro. Hércules es sólo historia: sus trabajos ya están hechos y eso le define; ya no hará nada más y se convierte en un personaje estático. Superman sí hace cosas, porque su público quiere que haga cosas y que además sea sólo un mito (una gran historia acabada, completa). Aquí nace el dilema para sus guionistas, pues, sobre la historia mitológica de Superman, otras historias deberían acumularse y avanzar con él hacia el futuro. Sin embargo, los guionistas han optado por ignorar el tiempo de la narración, sin iniciar un nuevo cómic donde ha terminado el anterior, esperando que los lectores opten por no darse cuenta. Y qué decir de las aventuras de Superbaby (Superman de niño) o de Superboy (Superman de jovencito) que se han publicado paralelamente, incluso con los tres volando juntos por el mismo cielo.

En opinión de Umberto Eco, esas rupturas en el tiempo de narración han de ser ignoradas por el lector o el mito se quebraría; sin embargo, no son exclusivas de los cómics de superhéroes, sino forman parte de la literatura de Joyce y de Grillet con situaciones temporales paradójicas, aunque realizadas con intención crítica, lo cual está muy lejos del “valor pedagógico” de los cómics de Superman que parecen decir: “Olvídate de la responsabilidad. Cuando empieces otra historia, no tendrás que asumir cuanto has hecho anteriormente”. La técnica narrativa que se maneja para obtener estos resultados se llama iteración, utilizada también en las novelas de James Bond.

Los métodos iterativos son redundantes: cuando uno conoce un episodio de la serie, los conoce todos. La repetición de los viejos esquemas establecidos, el runruneo monótono de la moralidad hipócrita y la reiteración de lugares comunes se vende como literatura de evasión que invita al placer cómodo.

¿Quiere todo esto decir que los lectores de historias de superhéroes son personas cuya inteligencia está rozando la simpleza? Necesariamente, no. El lector contumaz de estas publicaciones tiene unas características psicológicas que explican su comportamiento:

-Se le convence fácilmente con un bombardeo televisivo que lo invita a consumir objetos que adquiere todo el mundo, haciéndole pensar que si no los compra será más infeliz que el resto de los mortales.

-Cada superhéroe tiene su doble personalidad en un tipo de apariencia insignificante: Clark Kent para Superman, Bruce Wayne para Batman, etc. Esto provoca que millones de personas que se consideran tipos insignificantes se identifiquen con Clark y sueñen desarrollar una personalidad irresistible, como la de su superhéroe.

Sin embargo, lo que Eco ha denominado cotilleo aleatorio –categoría a la que confiere rango de estructura novelesca, con un nivel semejante a los aceptados tradicionalmente– ya existía en las obras del boom folletinesco del XIX, incluidas algunas de las más conocidas obras de Alejandro Dumas. Las técnicas iterativas pueden ser utilizadas de diferente manera de las empleadas en Superman, Batman o Spiderman. Los protagonistas de estas historias cortas, cuyo siguiente capítulo ignora los anteriores, son de varios tipos:

-Antihéroes indestructibles e indeformables como Mortadelo y Filemón, en España, ecos lejanos de don Quijote y Sancho Panza, que ridiculizan a los agentes secretos (caballeros andantes literarios y fílmicos de la segunda mitad del siglo XX) del tipo de James Bond.

-El Capitán Trueno, el Jabato o el Guerrero del Antifaz, púdicos y machistas aventureros que van buscando camorra por el mundo y son capaces de enfrentarse ellos solos a tres mil enemigos y ponerlos en fuga, sin sufrir un solo rasguño.

-Astérix y Obelix, anti-imperialistas pueblerinos, protegidos por los efectos mágicos de una sopa, a quienes solamente les importa su aldea y se desentienden de la suerte del resto de la Galia.

Sin embargo, Charlie Brown o Mafalda no entran en esta categoría, pues no gozan de poderes extraordinarios, sino que basan su éxito en sus ocurrencias sobre asuntos del mundo de las personas adultas, expuestos en un escenario infantil y tratados mediante la psicología infantil. Eso ha permitido que sean personajes muy apreciados, tanto por los niños como por la gente adulta.

Frente a todos estos héroes está el villano. Es la otra cara de la misma moneda: el héroe no puede existir sin un personaje perverso, como lo alto no puede ser sin lo bajo ni la divinidad sin los demonios. Es el contrapunto materia-antimateria. Los héroes demasiado buenos van acompañados de antagonistas demasiado malos y a los héroes no tan perfectos les corresponden villanos con ciertas dosis de bondad. Esto lo saben perfectamente los nuevos guionistas de cómics y películas de superhéroes que se esfuerzan en agregarles defectos junto a lo que ellos consideran virtudes, aunque en realidad estas supuestas virtudes no sean sino un compendio del más decadente decálogo consumista que se va sobreponiendo a otros más antiguos. Trataré de realizar un análisis sobre este asunto en una próxima entrega.

domingo, septiembre 26, 2010

HÉROES Y SUPERHÉROES DE FICCIÓN

Héroes y superhéroes son habituales objetos de consumo en nuestra sociedad, cada día más acostumbrada a trabajar para adquirir bienes-basura. Nosotros y nuestros hijos adaptamos nuestro comportamiento a patrones diseñados y vendidos como prototipos a los que debemos aspirar: un hombre indestructible, una mujer bella sin remilgos humanitarios, una doble vida o una manera de hablar y hasta de caminar. Todos estos personajes han sido creados con un objetivo común: vaciarnos los bolsillos (y de paso, el cerebro) sin que nos demos cuenta. Pero, ¿cómo tuvo lugar este proceso?


Las novelas por entregas, que comenzaron en el siglo XIX, atravesaron tres fases que pueden diferenciarse por el tipo de protagonistas que utilizaron:

1. Héroes al estilo de Robin Hood que restablecen desafueros de los poderosos, actuando desde posiciones individuales con métodos ajenos a la ley, como el asesinato y el robo. Aquí pueden encuadrarse Montecristo y Rodolfo Gorestein.

Los autores que crean obras de este tipo, en la literatura de orientación valorativa, se sirven de hechos de la vida real para adaptarlos a cierto ideal, para ilustrar con ellos determinada tesis, para demostrar la validez de su concepción filosófica (o mística) de los problemas fundamentales del hombre y de la sociedad. Esta literatura utiliza, entre otros recursos y procedimientos, la glorificación, la heroización, y, con frecuencia, la idealización, de valores morales, ideas, acciones o personajes.

Cierta parte de la literatura valorativa produjo numerosos héroes según patrones específicos que en situaciones adecuadas a modelo establecidos superan todas las dificultades y obstáculos. Han sido, sucesivamente, caballeros, robinsones, cowboys y detectives. Los lectores de determinado nivel cultural proyectan, en los apasionantes destinos de estos héroes, sus anhelos de grandeza, gloria, brillantes hazañas, valor e ingenio.[1]

2. Los protagonistas que no cuestionan el sistema social y son ayudados por la policía a resolver pequeños problemas. Es el caso de Sherlock Holmes.

3. Los héroes que son delincuentes de guante blanco de finales del siglo XIX y principios del XX, como Fantômas y Arsenio Lupin, que dejan en ridículo a las fuerzas del orden y disponen al lector a favor del crimen.

Después, apareció Tarzán, héroe semidesnudo –un clónico del buen salvaje de Rousseau, de Robinson Crusoe, de un domador de circo y de un policía municipal de la jungla–. Un inglés que había sido criado por los monos, sobrevivía en la selva saltando de liana en liana e imponiendo el orden con alaridos y puñetazos. Eso sí, sin mezclarse más de lo conveniente con sus vecinos negros. En una época en que la xenofobia era el pan de cada día, Tarzán triunfó en la novela de Burroughs, en los cómics de Hogsrth y en las películas protagonizadas por Weissmuller, pudiendo inscribirse con todos los honores entre los superhéroes que se verán más adelante.

Es muy interesante seguir los razonamientos que Umberto Eco[2] ha realizado en torno a los superhéroes actuales, protagonistas habituales de cómics, pero también de películas y novelas. El lingüista italiano parte de que Hércules, héroe de la mitología griega, debía su personalidad divina a su historia, igual que sucedería más tarde con las imágenes cristianas. Es decir, la historia o la trama de un personaje definía al propio personaje.

Sin embargo, llegada la época medieval conocida como gótica, los héroes de las narraciones no estaban ya definidos por la trama. Se narraba una historia cien veces, la gente la sabía de memoria y continuaba gustándole que se la contasen, porque esta narración se hacía de forma dramática. Lo que gustaba al público no era la trama de la historia, más que sabida, sino su representación, como sucede con los niños de tres o cuatro años que insisten ver, una vez y otra, la misma película de dibujos animados, sin cansarse jamás.

Las narraciones románticas, sin embargo, comenzaron a conferir más importancia a la trama. La novela popular[3] trajo como novedad que los lectores se interesasen por lo imprevisible que podría surgir en una historia. La diferencia es fundamental, puesto que hasta entonces se daba por supuesto un convencionalismo: las historias habían sucedido antes de la narración, mientras que, a partir de ese momento, las historias acontecían en el mismo momento en que se narraban. Es decir, entre narrador y lector se convenía esa suspensión de las leyes temporales, para que la historia se desenvolviera paralelamente al relato. Este nuevo género de narrativa escrita cautivó a las masas y, en el siglo XIX, se centuplicaron las ventas de fascículos, como sucedió en el caso de las obras de Charles Dickens: la gente esperaba ansiosa cada entrega para consumir un nuevo suceso inesperado.

Y es aquí donde intervienen los héroes: Rocambole, el conde de Montecristo, los tres mosqueteros o Sherlock Holmes. Héroes que, a pesar de todo, siguen conservando sus características humanas y se parecen a los lectores en cuanto que sus sentimientos son similares y su fortaleza física puede compararse con la de algún vecino de constitución vigorosa. Las características del héroe novelesco no llegan, pues, a alcanzar las del mito griego.

Sin embargo, las semillas que habría de producir al superhéroe ya se estaban sembrando, como veremos en el siguiente post.


[1] Bélic, Oldric y Hrabák, Josef: Introducción a la Teoría Literaria. Editorial Pueblo y Educación, La Habana (Cuba), 1988.

[2] Umberto Eco: Apocalípticos e integrados. Lumen-Tusquets Editores, Barcelona, 1995, y El superhombre de masas. Tusquets Editores, Barcelona, 1995.

[3] La novela popular nació en Francia, en el siglo XIX, cuando el editor Girardin fun­dó, en 1833, una empresa que vendía novelas por entregas. Así se editaron Los miserables (1862) de Víctor Marie Hu­go (1802-1885) y Los tres mosqueteros (1844) de Alejandro Dumas (1802-1870).